leyenda corta de terror - el teleferico

Leyenda corta – El teleferico

He visto que en algunas ciudades del norte del continente, así como en el sur. Existen ciudades en las que se utilizan teleféricos para transportarse de un punto a otro, atravesando grandes alturas.

Muchas son las leyendas cortas que las personas platican vinculadas a estas singulares canastillas. Por ejemplo, hay quienes dicen que han visto como personas quedan suspendidas entre los cables, por ir jugando o quienes afirman que el oxígeno no llega de la misma manera al cerebro a esa altitud.leyenda corta de terror - el teleferico

Sin embargo, dejando todas esas especulaciones de lado. Únicamente me centraré en contarte una historia que me sucedió no hace mucho tiempo.

Sucede que esquiar, era una de las actividades que siempre me había llamado mucho la atención. Quizás porque soy fanático de las competencias de slalom en los Juegos Olímpicos o simplemente porque la nieve me parece algo fantástico.

No importa cuál sea la verdadera razón, el caso es que aprovechando el que mi jefe me había mandado a Canadá, pensé que podría aprovechar esta oportunidad para tomar unas cuantas lecciones de esquí.

Fui a uno de esos institutos en los que la mayoría de pupilos, son turistas. Pagué la inscripción, rente mis esquís y me subí al teleférico que me llevaría a la cima de la montaña.

Hacía demasiado frío, tanto que las únicas partes que sobresalían de mi cuerpo eran la nariz y la boca. Enfrente de mí iba sentada una mujer muy delgada mirando hacia afuera. Lo que me llamó la atención de aquella dama era que no llevaba puesto ni siquiera un ligerísimo suéter, sino solamente un delegado vestido de color negro.

Estuve tentado a cuestionarle el porqué de su atuendo, siendo que el termómetro marcaba menos de 5° bajo cero. No obstante, no dije nada, otras veces me ha pasado que la gente me responde de una manera muy agresiva.

Llegamos al final del recorrido y esperé hasta que ella descendiera. Bajó del teleférico y giró la cabeza para observarme. Con horror vi, que su cara era la de una calavera. Después de eso, desapareció sin dejar rastro.

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