Leyenda verdadera de terror el maletin

Leyenda de terror verdadera – El maletin

Sofía es una mujer de unos cuarenta y cinco años, muy elegante y bien arreglada. Trabaja en ventas de bienes raíces, así que cuida su apariencia y su actitud, pues sus clientes son su mejor inversión, como suele repetir. Vive con su esposo en los suburbios y se encuentra de vez en cuando con su hija Rebeca, que está casada y vive en su propio hogar, para almorzar. Sofía es una mujer de buen corazón y muy amable, de esas que dicen ‘Hoy por tí, mañana por mi’.

Leyenda de terror verdadera – El maletín

Leyenda verdadera de terror el maletin

Una calurosa tarde de Junio, Sofía va a una estación de servicio a llenar el tanque de su viejo Chevy. Ese día tiene una reunión con unos clientes en el centro y luego irá a almorzar con Rebeca en el lugar de costumbre. Revisa el reloj y confía en tener un par de horas para despachar a sus clientes y llegar a tiempo. Sumida en sus pensamientos, apenas escuchó los golpes en la ventanilla de pasajeros.

Al alzar la vista descubrió a un hombre de mediana edad, muy bien vestido con un maletín en la mano. Su actitud era muy amigable, su sonrisa le hizo bajar la guardia y la ventanilla, El hombre se identificó como José Martínez, un ejecutivo de ventas a quien su auto había dejado varado en esa estación de servicio y necesitaba un aventón hasta el centro de la ciudad.

Sofía se sintió confiada, era un hombre jovial que tenía un gran problema y que necesitaba un favor simple. De hecho, ella iba hasta el centro y no le costaba nada acercarlo. Hasta sería agradable tener compañía. Así que asintió, levantó el seguro de la puerta, José puso el maletín en el asiento de atrás y le pidió un minuto para ir al baño.

Sofía asintió. Mientras El hombre se alejaba, el teléfono de Sofía comenzó a sonar de forma incesante. Era el número de Rebeca, contestó y escuchó a su hija gritan: Mamá ven ya, apúrate, ven pronto, ven a mi casa, es urgente! Y colgó. Intentó llamar de vuelta, pero la llamada no caía, pues estaba en una zona donde la recepción era pobre.

Apenas colgó, volvió a sonar el teléfono, de nuevo Rebeca le decía: mamá, apúrate, ven ya! Te necesito!. Sofía miró el teléfono aterrada y sin siquiera pensarlo, puso en marcha el auto y salió disparada por la autopista, en dirección a la casa de su hija, temiendo lo peor.

Al llegar a casa de Rebeca encontró el vecindario calmado, tocó el timbre y salió su hija con una bata de baño, secándose el cabello. La miró sorprendida y le dijo que se estaba arreglando para encontrarse con ella en un par de horas. Sofía la miró llena de terror primero, luego con incredulidad. Su hija lucía perfecta y sana.

Así que enojada le reclamó por hacer esa llamada, le dijo que esas no eran bromas. Rebeca la miró extrañada: ¿Qué llamada? Yo no te he llamado!. La madre le explicó la situación y de golpe recordó: El pobre José! Lo dejó en la estación de servicio y se quedó con su maletín! Llena de culpa, abrió la puerta del auto, sacó el maletín y lo abrió para buscar alguna forma de identificación, para devolverlo al pobre hombre acompañado de una gran disculpa. Lo que encontró allí las dejó heladas: un gran y afilado cuchillo, una hachuela y un rollo de cinta de embalar.

Hasta el día de hoy Sofía no sabe quién hizo la llamada, pero está segura de que su ángel de la guarda la protegió de un terrible desenlace. Sofía sigue siendo una mujer amable, pero prefiere no subir desconocidos a su auto.

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