Leyenda de la casa de la tia toña

Leyenda – La casa de la Tía Toña

Hay quienes consideran que el peor pecado que una persona puede cometer es ser desagradecido. Y es que hay diferentes niveles de traición que enmascaran acciones que pueden resumirse como ‘morder la mano que te da de comer’. Una leyenda de terror que bien puede resumir esto es la leyenda de la cada de la Tïa Toña, muy conocida por todos los mexicanos.

Hace muchos años una mujer mayor habitaba una gran casa en la Avenida Constituyentes de la Ciudad de México. La tía Toña, como todos la conocían, era una piadosa viuda solitaria que ansiaba algo de compañía en los últimos años de su vida. Así que decidió cobijar en su casa a niños pobres que necesitaran de sus cuidados. Esto la hizo muy popular en la ciudad, pues con tamaña obra de caridad todos pensaron que esta mujer tendría su merecido sitio en el cielo.Leyenda de la casa de la tia toña

Pero no todo era un jardín de rosas. Dentro de la comunidad se rumoreaba que la Tía Toña era millonaria y que guardaba en su casa mucho dinero, producto de la herencia que le habría dejado su difunto marido, un comerciante próspero. Este rumor se vio alimentado por la vocación caritativa de la mujer, puesto que no percibía otros ingresos y sin embargo, era capaz de mantener a tantos muchachos pobres.

Sin perder tiempo, este rumor llegó a los oidos de algunos de los muchachos que ella protegía y ayudaba; y éstos fraguaron un desfortunado plan en el que robaban el dinero y luego huían a otro estado. Así fue como una noche varios jóvenes recorrieron la casa durante la noche, revolviéndolo todo y buscando el secreto tesoro que albergaba la morada.

Los muchachos fueron muy descuidados, hicieron mucho ruido buscando el dinero y la Tía Toña se despertó. Con el corazón destrozado pronto entendió la intención de los ingratos jovenzuelos y comenzó a regañarlos, pero ellos asustados le dieron muerte a la anciana a golpes. La sangre cubrió las paredes, la tía Toña apenas puso resistencia y luego de unos cuantos golpes, su alma abandonó su cuerpo. Los malagradecidos muchachos se dieron a la fuga, con las manos vacías y una horrenda mancha en su conciencia: no podían olvidar los ojos vacíos de la mujer que en algún momento les alimentó y cuidó con amor.

La casa fue desocupada poco después de la tragedia. Sin embargo, nunca lograron venderla. Todos los visitantes atestiguaban que la silueta de la tía Toña se vislumbraba dentro de la casa. Las puertas se cerraban, habían ruidos y gritos que despertaban aterrorizados a sus habitantes. Todos saben que la tía Toña sigue presa en ese lugar, su espíritu busca ahora la paz que le fue negada y desea permanecer en paz y soledad, sin ninguna presencia ingrata.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *