Leyenda larga - fantasma de sandra

Leyenda larga – fantasma de sandra

Sandra era una niña tranquila, que muchos percibían como tímida. De hecho, parecía que nada le salía bien a la pobre: era descuidada, gorda, una estudiante promedio casi mediocre, no poseía ningún talento especial y encima de todo, era muy torpe. Lo que casi nadie sabía era que Sandra tenía un amigo especial.

Leyenda larga - fantasma de sandra

La niña era el blanco fácil de todas las burlas en la escuela: la llamaban gorda, bruta y muchas barbaridades más; los niños pueden ser muy crueles con aquellos que no saben cómo defenderse. Era normal encontrar a Sandra encerrada en el baño durante la hora del recreo, llorando con la esperanza de pasar desapercibida; sin lograrlo. Las niñas más populares solían perseguirla y arrojarle cosas sobre la puerta del cubículo del baño y si la hacían salir, la humillaban con sus palabras y hasta con golpes. Sandra estaba harta de la situación.

Una noche estaba en su cama, pensando en lo desesperante de su situación. Quería desaparecer, borrarse de la faz de la tierra y no regresar. ¿Para qué hacerlo? Si nadie la quería en el mundo, ni siquiera su madre que la había abandonado con unos familiares, ¡hasta Dios la odiaba!. Mientras las lágrimas acudían a sus ojos, escuchó una voz proveniente de algún lugar que decía: ¿Para qué quieres desaparecer? Mejor que desaparezcan ellos, los que te hacen daño. Sandra miró al rincón y vio en el espejo su reflejo hablándole, hablándole. Ahora, tenía un amigo especial y un plan.

Al día siguiente, Sandra se escondió en el baño nuevamente, pero esta vez no lloraba. Esperó pacientemente a que llegaran las niñas de siempre. Cuando le arrojaron cosas, salió empuñando un cuchillo afilado que había escondido en el tanque del inodoro. El cuchillo brillaba con la luz de neón del baño, arrojando destellos. Las niñas se quedaron petrificadas y en un segundo, Sandra saltó sobre ellas y enterró el filo en los delicados cuerpos gritando BASTA! BASTAAA! CÁLLATEEE!

Cuando terminó su tarea, limpió el borde del arma con su falda y se vio en el espejo bañada en sangre. Su reflejo le dijo: ahora, debes pagar el precio. Su mano se movió descontrolada, cercenando su garganta y mezclando su sangre con la de las otras niñas en un gran charco en el suelo.

Dicen que ahora ese baño está clausurado, pero que si alguna alumna que se burle de sus compañeros osa a entrar en el tercer cubículo; las manos del fantasma de Sandra, condenado a vagar eternamente en el sitio, se cerrarán sobre su garganta mientras vuelve a gritarle: Basta! Basta!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *