leyenda corta de terror - la casa del horror

Leyendas cortas de terror – La casa del horror

Pedro recibió una llamada esa noche, debía partir urgentemente al pueblo donde había nacido y donde aún habitaban sus padres. Era tarde, un día festivo y las posibilidades de conseguir un pasaje de avión o de autobús eran mínimas. La única solución era conducir unas 8 largas horas. Tomó una maleta, poca ropa, una botella de agua y las llaves de su carro.leyenda corta de terror - la casa del horror

Luego de un viaje cansado, Pedro se acerca al pueblo y pide ayuda para encontrar la dirección a un hombre en una cafetería. El hombre le da las indicaciones, pero le dice: cuando llegues a la bifurcación, toma siempre el camino de la derecha, nunca pero NUNCA vayas por el camino de la izquierda. Pedro pagó el café del hombre y el suyo y emprendió su viaje.

Al llegar a la bifurcación, reconoció a lo lejos un gran roble donde solía jugar en su infancia. Entonces recordó que el camino de la derecha le obligaba a dar una vuelta extra, 30 minutos más de viaje; mientras que por la izquierda llegaría en unos quince minutos. Sin dudarlo, dio el giro a la izquierda.

Unos metros después escuchó un grito que provenía de la única casa del camino. Sin dudarlo, detuvo el carro, y entró por la puerta entreabierta mientras marcaba el número de emergencia y descubría que no tenía señal. Lo que vio quedaría grabado para siempre en su memoria: las paredes tenían manchas de sangre. Pero no pequeñas salpicaduras, sino grandes manchas que goteaban hasta el suelo, formando un charco. Apenas podían distinguirse las fotos de una familia, un cuadro con flores… y bien grande, frente a la entrada, un letrero pintado con los dedos mojados en el rojo y vital líquido: el diablo me hizo hacerlo.

Pedro huyó despavorido. Subió a su auto y llegó a casa de sus padres. Les encontró algo enfermos, pero en buenas condiciones, así que trató de concentrarse en su mejoría y los llevó al día siguiente al hospital. Esa mañana, apenas se vio en el espejo para afeitarse y lavar los malos recuerdos, descubrió una pequeña herida larga, en medio de su cuello pero decidió no prestarle atención.

Al día siguiente, ve que la herida se hace más grande, roja y purulenta; así que cuando va al hospital a buscar los resultados de los exámenes de su padre le pregunta a una enfermera si puede verle la herida. La mujer lo mira extrañada y dice que su cuello está perfectamente bien.

Él nota un dejo de temor en su voz y luego de increparla, lo lleva al cafetín del hospital y le dice: “aquí en el pueblo nos enfrentamos a una tragedia hace varios años. Un hombre enloqueció y asesinó a su familia con un cuchillo, para luego untar las vísceras en las paredes. Cuando se dio cuenta del horror que había cometido, se quitó la vida cortando su cuello con el mismo cuchillo.

Dicen que aquellos que visitan la casa donde ocurrió el crimen mueren poco tiempo después… estas personas ven una herida cada vez que se miran en el espejo, y ésta crece en el reflejo. Cada vez que se ven, mueren un poco.”

Pedro huyó despavorido del hospital y regresó a la ciudad; decidido a no verse nunca más en un espejo. No volvió a salir, destruyó todas las superficies reflectoras de su casa, tapió las ventanas con gruesas cortinas, nadie supo nada de él… Hasta que un día los vecinos del edificio llamaron a la policía. Un olor putrefacto emanaba del apartamento, donde se acumulaban las pilas de correo en la puerta.

La policía derribó la puerta y se encontró con un cadáver descompuesto, con una horrenda herida alrededor del cuello y un vaso de agua en sus manos.

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