leyenda corta de terror la habitacion maldita

Leyendas cortas de terror – La habitación maldita

Los hospitales son lugares de energías revueltas en donde muchas vidas se salvan pero otras se pierden. Hay hospitales donde esas energías negativas son más fuertes que en otros, como en este hospital rural, de estructura sencilla y personal diligente.

En este hospital hay una habitación que nunca se utiliza, pero que en algunas ocasiones ha sido ocupada; por ejemplo, en casos de epidemias o tragedias como la peste de gripe que llenó a su máxima capacidad el centro de salud. El problema venía en las noches, cuando los hombres que se recuperaban en la habitación 413 amanecían con quemaduras de tercer grado en el área del cuello. Estas quemaduras aparecían sin ninguna explicación, y lo más curioso: tenían forma de manos pequeñas.

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A las mujeres tampoco les iba muy bien en su estancia en la llamada habitación maldita: despertaban haciendo ruidos guturales, con ríos de sangre manando de sus  bocas y la lengua cercenada. Algo muy oscuro ocurría en este lugar, y pocas personas se atrevían a hablar de ello.

Hace muchos años, una mujer vivía con su pequeña hija y su pareja en una casita muy humilde en las afueras del pueblo. El padre de la niña les había abandonado y ella, sin esperar mucho tiempo, metió a vivir a su amante a su casa. Lo que la madre no sabía es que este hombre alcohólico y violento abusaba de la niña todas las noches, mientras ella trabajaba.

La mujer presentía que algo no iba bien con la niña. La veía cada vez más callada, tenía golpes y moratones. Cada vez se evidenciaba con más claridad en su cuerpecito las huellas del maltrato, pero ella nunca dijo nada pues temía perder a su pareja. Pasaron los años, y la pequeña Jenny ya tenía diez años de traumas y abusos.

Jenny estaba cansada de la situación, ya no soportaba el terror de cada noche, el dolor en su cuerpo, los golpes y lo que más le dolía: el silencio de una madre que nunca la protegía. Pero ella tenía un plan: esa noche tomó un cuchillo pequeño de la cocina y lo escondió en las almohadas. Cuando llegó el hombre y trató de tomarla por la fuerza, Jenny sacó el cuchillo y lo apuñaló repetidas veces; pero el cuchillo era tan pequeño y ella tenía tan poca fuerza que apenas pudo hacerle daño.

El hombre montó en cólera, y mientras le gritaba y golpeaba, tomó un bidón de gasolina y la roció. Después encendió un fósforo y lo lanzó sobre el cuerpo inerte de la niña. Jenny despertó aullando de dolor, sintiendo como su carne se derretía.

Los gritos y los golpes despertaron a la madre, quien en un acto insospechado de valentía, tomo a la niña y la llevó al hospital. Los médicos hicieron lo posible para estabilizarla y la internaron en la habitación 413.

Jenny era muy pequeña, las quemaduras extensas y sus espíritu se apagó poco a poco, abandonando este mundo. Pero luego de tanto dolor y sufrimiento, su espíritu quedó condenado a vagar en esa habitación, donde cobra venganza cada anoche contra los hombres que le hicieron daño y silencia para siempre a su madre, que habita en cada una de las mujeres que no han sido capaces de salvarla.

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