leyenda verdadera no uses sombreros ajenos

Leyendas de terror antiguas – No uses sombreros ajenos

Pareciera mentira, pero en muchos pueblos del país, aún la gente sigue contando leyendas de terror acerca de brujas que viven entre nosotros. El siguiente es un relato verdadero que me compartió un amigo al que aprecio mucho.

Resulta que en una comunidad rural en donde la superchería campaba a sus anchas, durante el mes de octubre, la gente acostumbraba salir a las calles en una especie de “cacería de brujas”.

leyenda verdadera no uses sombreros ajenos

La muchedumbre se armaba con palos, piedras y desde luego teas humeantes, las cuales iluminaban su peregrinación. El recorrido era exactamente el mismo año con año. Únicamente se omitía un minúsculo punto de la comarca, a aquel sitio se le había llamado como “la pendiente embrujada” y nadie tenía permitido entrar a esa vereda.

Sin embargo, Eduviges, quien iba acompañando a su padre en una de esos recorridos, se adentró en el bosque y ya no pudo regresar a su casa.

La niña estuvo llorando por unos minutos, hasta que se puso a seguir las estrellas con el propósito de encontrar un camino conocido. Los cuerpos celestes la condujeron hasta una pequeña choza fabricada en paja.

Dentro de ella, lo único que había era un sombrero viejo y arrugado de color negro. La niña lo tomó, lo sacudió un poco y se lo puso en la cabeza.

Inmediatamente el gorro se ajustó a su cráneo de tal manera que fue como si se hubiera adherido al hueso. Eso no fue lo más grave del asunto, ya que el aspecto físico de la chiquilla también cambió abruptamente, en pocos segundos su cuerpo fue convertido en el de una anciana de rostro verdoso.

Eduviges corrió en dirección al lago y observó que su cara se había transformado en la de una bruja. Antes de que pudiera ser algo, uno de los pueblerinos la vio y les gritó a los demás:

– Es una bruja. Vayamos por ella.

La niña asustada, no pudo moverse de ahí y la gente la sometió brutalmente. Ella balbuceaba “soy Eduviges”, mas nadie la escuchó, pues el gentío estaba ávido de sangre.

Las autoridades del pueblo, la condenaron a ser quemada en la hoguera pública. Por esa razón, la moraleja de esta leyenda de terror es no uses sombreros ajenos, ya que quizá te pueda ocurrir algo parecido.

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