Leyendas de terror la llamada del demonio

Leyendas de terror – La llamada del demonio

Eran ya pasadas las doce de la noche cuando sonó el teléfono de la comisaría. El turno llegaba a su final y quedábamos pocos policías antes de que llegaran los otros, así que decidí atender yo mismo esta misteriosa llamada.

Es raro que en un pueblo tranquilo como este llamen a la policía a esta hora, menos un día de semana pues aparte de los clásicos problemas, como peleas de borrachos en fin de semana o algún cliente que se niega a pagar en el restaurante, casi nada perturbaba la paz del pueblo.

Es por eso que la llamada de un hombre con voz entrecortada que reportaba ruidos extraños que provenían de un apartamento contiguo en uno de los viejos edificios del centro resultaba especialmente perturbadora.

Leyendas de terror la llamada del demonio

Llegué en minutos con mi compañero y subimos por las herrumbosas escaleras hasta el piso tres. Todo parecía normal,hasta que arribamos a nuestro destino. La luz de todo el piso se había extinguido y con las linternas vimos que cada una de las bombillas del techo habían estallado.

Esto no era una llamada para quejarse por una fiesta ruidosa ni un caso de violencia doméstica. Todo estaba envuelto en un silencio denso y sepulcral, como si aquí las ondas de sonido no viajaran en el aire pesado que nos envolvía. Soy un policía con más de diez años de servicio, he estado presente en situaciones escabrosas, pero nunca había sentido este temor que viajaba como una ola pastosa por toda mis espina dorsal, inundándome la vista.

Quería correr, sin embargo, tocamos la puerta. Sabíamos que allí vivía una mujer, por lo que dijo el hombre en su llamada anónima. Toqué tres veces la puerta y grité: Señora, ¿está todo bien?. Volví a tocar, invadiendo el silencio y escuché al fin: la respiración de un animal feroz, salvaje, al acecho, violando cualquier resquicio de valentía y haciendo trizas mi determinación.

Sin embargo, soy un policía al servicio de la comunidad, así que aferrando mi arma con la mano derecha en mi cinto, golpeé la puerta con el hombro. A la tercera embestida, la endeble cerradura cedió y me asaltó la oscuridad, pero en medio de ella, dos ojos rojos que apenas se movían al ritmo de la respiración.

Un olor terrible a muerte, a ratas, y podredumbre se extendió por mis pulmones, revolvió mi estómago y apenas mis ojos se acostumbraron a la ausencia de luz, pude reconocer una extraña figura detrás de esos ojos mortales. Sólo dije “señora, estamos aquí para ayudarla, llamaremos a los paramédicos” y salió un horrendo grito de su garganta:

NADIE PUEDE AYUDARME, EL DEMONIO ME TIENE! Me quedé atónito, incapaz de moverme del sitio y escuché casi en un susurro: ¿usted cree en dios? Rompí el silencio con un “Si, señora” y ella dijo: “eso está muy bien, por hoy está muy bien y te salva” luego reuní fuerzas para preguntarle “¿Estaba usted intentando suicidarse? ¿Está usted bien?” esos ojos me miraron con fuerza y me gritó: Ella ha estado muerta durante años y hoy íbamos a terminar con su agonía. Antes de que pudiera hacer algo, la horrenda figura se lanzó por la ventana abierta de par en par, mientras gritaba, esta vez con una voz de mujer, SÁLVENME! SÁLVENME!. Sólo escuché el golpe seco del cuerpo contra la acera.

Llamé a los paramédicos para que recogieran el cadáver, que resultó ser de una mujer de unos 30 años, piel blanca y delicada como porcelana, ojos negros vacíos que miraban a la nada del pavimento. Salí de allí directo a una iglesia, a agradecer por mi oportunidad y a lavar mis manos con agua bendita.

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