leyenda de terror la muñeca

Leyendas de terror reales – La muñeca

Un poco de lápiz labial es lo único que hacía falta para ajustar su look especial para esa noche. Al fin lograría conocer a Daniel, el hombre de sus sueños, el que le decía muñequita hermosa, la razón de su sonrisa, su prometido. Ya habían pasado más de once meses hablando todas las noches en su computadora. Quizá la soledad le había impulsado a aceptar el consejo de su amiga, quien había conocido a su actual esposo a través de internet. “Ahora la gente se relaciona de ese modo, es más moderno y va acorde a nuestro estilo de vida; ya no es extraño o desesperado”, había dicho Laura. Así que tomó la decisión y creó un perfil para conectarse a ese sitio de citas online. Una fotografía (en donde lucía un hermoso vestido en la boda de otra amiga) acompañaba su descripción: chica solitaria de 30 años desea conocer a su príncipe azul. Sonaba cursi, pero era un suerte de broma sincera.

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Pasaron algunas semanas, algunas citas fallidas hasta que Daniel, un hombre que vivía en un país vecino, comenzó a hablar con ella. A diferencia de los anteriores, Daniel se interesó genuinamente por ella, por su trabajo, por lo que hacía. No lucía desesperado, no buscaba sexo casual, sólo quería compartir su vida con alguien. Al parecer ya había encontrado a su príncipe azul y, luego de once largos meses, se conocerían en persona.

Él le regaló los tiquetes de avión y hasta le reservó una habitación en un hotel agradable. Él era doctor y podía permitírse hacerle un regalo así a su muñequita, como le decía de cariño. Ella aceptó encantada, de todas formas nadie la extrañaría en casa. Daniel sabía su situación y que no exageraba cuando se describía como solitaria.

Se acercaba el momento de la cita. Un chofer apareció en la puerta del hotel, la guió hasta su auto, le abrió la puerta y dejó que se deslizara en la oscuridad del asiento trasero mientras le decía: ‘Hay una sorpresa para usted’, vamos camino a buscar al Sr. Daniel. El coche arrancó y ella encontró una botella de champaña para brindar con una nota ‘Para los nervios’. Ella se sirvió una copa y la bebió a sorbos, mientras veía las luces de la ciudad que posiblemente se convertiría en suya, dejando que sus ensoñaciones sobre un futuro brillante se apoderaran de ella.

Se sintió somnolienta, sólo un poco, pero sus párpados pesaban y las luces se difuminaban cada vez más. Apenas pudo entornar los párpados cuando el coche paró. El chofer dijo: ‘hemos llegado’ y abrió la puerta. Un hombre alto, fornido la recibió y con la voz de Daniel le dijo: ‘Bienvenida, eres aún mejor de lo que esperaba’. La voz era de Daniel, pero ESE no era Daniel… trató de decir algo, pero sus ojos se cerraron pesadamente.

Cuando despertó, una luz brillante y enceguecedora le regaló un dolor de cabeza. Su cuerpo se sentía…diferente, más pesado y sus memorias de los últimos días eran una maraña de alucinaciones, dolor, sangre. No enentendía nada. Miró hacia abajo y descubrió que sus pechos eran más grandes, siguió bajando la mirada… y vió que sus piernas estaban amputadas de la rodilla para abajo.

Trató de tocar su cara y sintió que las manos no respondían y supo con horror que ya no tenía manos. En ese momento apareció Daniel quien la miró con una extraña sonrisa en el rostro, y sólo dijo: ‘Bienvenida a mi colección, muñeca’ y con un gesto le mostró las otras piezas de su macabra colección: chicas rubias, pelirojas, morenas, todas con extremidades de silicón, cuerpos perfectos, rostros demacrados y miradas tristes. Ella quizo gritar, pero apenas pudo emitir un sonido ronco, sin potencia. Ahora era una muñeca, su juguete, sin piernas para correr ni voz para quejarse.

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