Leyenda del payaso siniestro

Leyendas – El Payaso siniestro

Siempre he escuchado esas leyendas en donde hablan de payasos, que en lugar de darme miedo, me burlaba de las personas que le temían a dichos personajes, pero todo mi sentir cambio a raíz de un evento que paso hará algunos años, mi hijo un niño frágil y retraído, de 6 años de edad, con un temor hacia esos bufones pintados que todos conocemos por payasos, les tenía un pavor inexplicable, y creí dentro de mi ignorancia, que si le compraba algo a lo que le temiera, con el pasar del tiempo se acostumbraría a ello, y así dejaría de temerle, «Que equivocado estaba».

Iba rumbo a la juguetería que se encuentra saliendo del lugar en donde trabajo, cuando en una casa que tenían cosas a la venta, como un bazar, en una mecedora estaba un payaso de no más de un metro de alto, y en la forma de tener su mano, parecía como si me saludara, algo dentro de mí, me orillo a acercarme, tan solo para preguntar, cuál era el costo.

El payaso, desde ese momento paso a nuestra familia, lo curioso fue, que más que nada casi fue que lo obsequiaron, en la compra de la mecedora, regalaban el mono de payaso, un juguete que se veía antiguo, pero que tenía un mecanismo, con el que movía tanto las manos como la quijada, tantas eran mis ganas de que mi pequeño, dejara de tener temor a las cosas, que no me importo llevar a lo que más temor le tenía en la vida, «Fui un estúpido ignorante »

Desde el momento en que lo lleve a la casa, Daniel (así se llama mi hijo) se mostró retraído con el muñeco, y al verlo moverse y abrir la quijada, pego un susto que se fue a esconder en el closet del cuarto de nosotros, fue tanto su temor, que no dejaba de temblar.

—Deja de llorar, pareces una niña— Grite enfadado 

—No debiste comprar ese muñeco, sabes el temor tan grande que le tiene a los payasos— Replico mi esposa Ana

—Si no enfrenta sus miedos, toda la vida vivirá con la cabeza agachada, ahora es el payaso, al rato será otra cosa en su vida, solo quiero que deje de lloriquear como una niña— Dije molesto

—Lo que debiste de hacer, en lugar de comprar ese juguete antiguo, que te habrá costado una fortuna, es llevar al niño con un Psicólogo, que buena falta le hace—Dijo en tono de reclamo Ana

—La Psicología, en mi casa la implemento yo, y para que se le quite a tu “bebe” el payaso se quedara para siempre en su recamara— Grite ordenando

Ana, mi esposa temerosa de mis acciones, tan solo bajo la cabeza, ¿como no peleo por su hijo?, como una bestia defendiendo a su cría, ahora me arrepiento de todo lo que hice, porque lo que paso, fue inaudito, algo difícil de creer, si no lo hubiera visto.

Ese mismo día, y aun temblando, me lo lleve a su recamara a dormir, al volver a ver al muñeco de payaso, se orino en los pantalones, lo que en lugar de darme la señal de alerta, me hizo enojar más, y lo encerré con el payaso y le apague la luz.

—Para que entiendas, la vida es dura y desde ahora debes comprender que no es justa— Dije a mi pobre criatura

— ¡No papi, el payaso no!, ¡Payaso no¡— Grito con todo lo que le quedaba de aliento Daniel

De repente de estar llorando, tanto, escuche que hablaba alguien dentro de la recamara, pero ¿Cómo era eso?, el muñeco no hablaba, por lo que de repente, entre de improviso, y vi que el payaso estaba arriba de mi hijo, y Daniel tenía sus ojitos ya blancos, como si la vida misma se le estuviera esfumando, en eso el payaso volteo y tan solo dejo salir una carcajada burlona, lo tome al muñeco y lo metí en el bote de basura, prendiéndole fuego, y con ello aceptando mi error.

Había llevado un ente o mismo demonio a mi hogar en forma de payaso, y lo peor, que había entregado en bandeja a mi hijo, por lo que me arrepentí toda la vida, ahora mi hijo tiene años de no hablar, y lo ve un psicólogo, tanto a él como a mí, gracias a dios, que mi mujer no presencio todo lo acontecido, ahora solo espero que mi pequeño Daniel, pueda algún día perdonarme por todo el daño que le cause.

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