leyenda larga el precion que has de pagar

Leyendas largas de miedo – El precio que has de pagar

“En esta vida, todo tiene un precio, mija” esas fueron las palabras exactas que la mujer vieja y encorvada le había dicho a Isabella unos meses antes. Ahora, con sus manos llenas de sangre podía entenderlas en todo su peso y gravedad. En aquel momento pensaba que el precio era algo que tenía que ver con dinero, joyas, riquezas. El oro es capaz de pagar muchas cosas, pero el valor de otras es diferente y mucho más trascendente.

leyenda larga el precion que has de pagar

Todo comenzó hace unos cuatro meses. Isabella conoció a Ramón, un apuesto joven a quien la vida parecía sonreírle: tenía fortuna, un buen nombre, carro, era muy guapo y por si fuera poco, tenía un futuro prometedor por delante. Era el sueño de toda chica y se había fijado en Isabella.

En aquella fiesta, habían cruzado un par de palabras y luego habían bailado toda la noche. Isa resplandecía, al saberse el centro de las miradas de todas las mujeres del lugar. Al final de la velada, él le propuso dar un paseo en su auto y terminaron en un mirador. Sobra decir lo que pasó en el asiento trasero de su carro último modelo. Al llegar a su casa, intercambiaron números de teléfono y se despidieron con un beso.

Pasaron los días y volvió a encontrarse con Ramón. La rutina era la misma: una cena en algún restaurante y luego una visita rápida a un motel o en el asiento trasero del carro. Era suficiente para Isa, quien destilaba amor por todos los poros y se imaginaba un futuro junto al chico. Hasta que las llamadas cesaron repentinamente. Ramón no contestaba el teléfono, tampoco los mensajes.

Una noche lo llamó, y cuando al fin respondió, le dijo llorando que no entendía qué pasaba, que lo amaba, que no la dejara. Ramón sólo le respondió con una voz muy seca que ella era una mujerzuela y que nunca la había tomado en serio, que ahora si estaba con una mujer que lo representaba y quería. Al fondo, Isa escuchó unas carcajadas. La rabia, el dolor, la frustración pero sobre todo saber que era el objeto de burla de otra fue lo que la empujó a visitar a la anciana.

La prima de Isa fue la que le recomendó a esa extraña mujer, la bruja le decía. Su prima parecía tenerle mucha fe y le dijo: “Ella puede ayudarte a que tengas todo lo que quieras, siempre y cuando puedas pagar el precio justo”. Isabella vació su cuenta de banco y fue a verla. La bruja encendió un tabaco y sin mediar palabra, le describió a Ramón y a la mujer que ahora le acompañaba. Luego, le preguntó qué deseaba. Isa lo dijo: quiero que él esté siempre a mi lado y nunca me deje por otra.

La bruja la miró largamente, y le dijo “En esta vida, todo tiene un precio, mija. ¿Estás segura?” Isa, decidida, le dijo ¿Y cuánto quieres? La bruja apenas sonrió y se retiró a su habitación, no si antes pedirle que le trajera una prenda de ropa íntima usada por Ramón y un poco de su cabello. Isabella regresó al día siguiente con lo pedido y luego volvió una tercera vez para recoger un pequeño paquete que debía guardar bajo su cama.

Al día siguiente, llamó a Ramón y le pidió verlo en su apartamento para entregarle unas cosas y disculparse por su actitud del otro día. El chico accedió y terminaron haciendo el amor en su cama. Luego, se fue en su carro último modelo, como siempre. Esa misma noche sonó el teléfono. Era su amiga, la que la invitó a aquella fiesta, para decirle que Ramón había sufrido un accidente.

Su novia había muerto y él estaba estable, pero seguía en coma en el hospital. Dudaban que fuese a despertar de nuevo. Isabella lo entendió todo: ahora Ramón era para ella, no se movería jamás y apenas tuvo esta súbita revelación, un dolor acuchilló su vientre y notó que sangraba profusamente.

Revisó debajo de su cama y desenvolvió el paquete que le había dado la bruja: allí, envuelto entre la ropa interior de ramón, su cabello y muchas ramas secas estaba un feto sangrante. Su hijo, ese era el precio que había pagado. Con las manos llenas de sangre entendió: “En esta vida, todo tiene un precio, mija”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *